La luz más brillante del cielo es una historia que me despierta sensaciones contradictorias y que, aunque inicia pareciéndome un gran libro, termina dejándome más preguntas que emociones.

La autora mantiene un buen ritmo narrativo a lo
largo de gran parte de la novela. Su estilo es sencillo, sin grandes
pretensiones, lo que permite al lector conectar con la historia desde las
primeras páginas. La luz más brillante del
cielo es un romance que se desarrolla a fuego lento: la relación entre los
protagonistas nace desde una amistad genuina y, conforme avanza la trama, el
amor va floreciendo de manera muy natural.
Esto hace que la lectura resulte fluida y entretenida. Es fácil empatizar con los personajes, con sus historias personales, con sus dilemas internos y traumas, lo que aporta cierta profundidad emocional y vuelve la experiencia de lectura más amena.
Uno de los puntos más fuertes de la novela es
la forma en que la autora introduce un tema delicado: el abuso. Desde el
inicio, este trauma marca profundamente a la protagonista, limitándola,
frenándola y obligándola a enfrentar su día a día en una constante batalla
personal. Durante la primera mitad del libro, el tema es tratado con bastante
sensibilidad y coherencia, logrando que el lector comprenda el peso emocional
que arrastra el personaje y permitiendo que este pueda sentir parte de su
sufrimiento.
Sin embargo, llega un punto en el que la
novela comienza a desdibujarse. Aunque La luz
más brillante del cielo no es una historia erótica, sí incluye algunas
escenas sexuales que, en teoría, forman parte importante del desarrollo de la
trama. El problema no es su existencia, sino el modo en que afectan el
tratamiento del trauma.
Tras introducir la primera escena sexual, el
abuso —que hasta ese momento había sido el punto central de la historia de la
protagonista— pierde relevancia. De pronto, el tema queda relegado a un segundo
plano, como si fuera un hecho sin importancia. La autora pasa abruptamente de
mostrarnos cómo el trauma condiciona cada aspecto de la vida de la protagonista
a convertirla en una figura más propia de una novela erótica convencional.
El conflicto interno desaparece casi por arte
de magia, solo para reaparecer de forma inconsistente en una segunda escena
subida de tono, como si el trauma fuese un recurso que se utiliza únicamente
cuando conviene a la trama.
A nivel personal, este cambio me hizo desconectar emocionalmente de la historia de manera casi inmediata. La coherencia emocional que se había construido al inicio desaparece, y eso provoca que, al finalizar la lectura, el libro se sintiera como un compromiso. Terminé la novela por obligación, no por auténtico interés.
La luz más brillante del cielo forma parte de una serie de tres libros. No obstante, tras esta experiencia, no creo que me anime a leer los siguientes. Aunque reconozco que la narración, el ritmo y la construcción inicial de los personajes son muy buenos, el tratamiento inconsistente de un tema tan delicado como el abuso terminó haciendo que me desencantara.
La luz más
brillante del cielo es una novela de romance lento, con personajes capaces
de generar empatía, pero que falla al tratar el tema de las relaciones sexuales
y el abuso, restándole peso emocional. Puede resultar interesante para quienes
buscan un romance de lectura fácil para pasar el rato.







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